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Seguridad y parentescos

marzo 28, 2011

    • En tres patadas por Diego Petersen Farah

Las primeras partidas directas a seguridad que la Federación le envió a los municipios terminaron en una gran proporción en camionetas de lujo

Si la seguridad fuera un problema de dinero, créame que hace tiempo que estaría resuelto. Pero no lo es. Los países más ricos no son los que han resuelto el tema de la seguridad; las ciudades más ricas no son las que tienen menores índices de delincuencia; los hombres más adinerados no viven más seguros. La seguridad no es un tema de billete. Tiene mucho más que ver con la inteligencia, pero sobre todo con la justicia. Los países más seguros son lo que tienen mejor distribución de la riqueza; las ciudades más seguras son las que han resulto sus cinturones de miseria; las personas se sienten más seguras donde rifa el estado de derecho.

El presupuesto para seguridad en este país se ha multiplicado por decenas, de Zedillo a Calderón. Si algo no ha faltado son recursos para pertrechar a las Policías, la gran pregunta es ¿qué beneficio ha traído y qué se ha hecho con ese dinero? Las primeras partidas directas a seguridad que la Federación le envió a los municipios terminaron en una gran proporción en camionetas de lujo. Hoy hasta el alcalde del pueblo más enano quiere traer camioneta, por “razones de seguridad”. 15 años y miles de millones de pesos después, el diagnóstico es el mismo: el problema de las Policías estatales y municipales es la falta de capacitación y el poco nivel de confianza de los elementos. Eso, que era ya un problema en 1995, por supuesto que no se resolvió con los choros de dinero.

El crédito de mil millones que el Gobierno está pidiendo para atacar el crimen organizado va a lograr, en el mejor de los casos, que el Gobierno se sienta más seguro, que tenga más capacidad de reacción, pero no va a resolver ni de lejos el tema de inseguridad, y mucho menos el sentimiento de inseguridad.

Otra vez el atore del crédito está en el tema partidos. El PRI y PRD no quieren autorizarle al Gobierno del Estado mil millones de pesos para comprar equipo de seguridad, porque saben, y lo saben porque son tan tahúres los unos como los otros, que en ninguna rama de gasto hay tanta discrecionalidad y manejo de concursos a modo como en las compras de equipo de seguridad. Lo hemos visto una y otra vez: desde chalecos, hasta patrullas, no hay compra de seguridad que no deje una sombra de duda esparcida por toda la ciudad. Cada vez que haya un muerto, el Gobierno del Estado va a aprovechar para urgir al Congreso que le aprueben el crédito, como lo hizo la semana pasada. El Congreso va a usar cualquier excusa, las válidas y las de mentiras, para atar la decisión a otras negociaciones y otras resoluciones. Lo que están discutiendo, pues, no es la seguridad del Estado, sino el reparto del presupuesto.

El dinero y la seguridad son parientes lejanos. El gasto y la corrupción, por el contrario, son como padre e hijo.

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