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Sabotaje anunciado

mayo 15, 2011

Mientras más previsible es el ejercicio de la política, más profunda es su decadencia.

De antemano sabíamos que la reforma electoral en Jalisco no podría prosperar porque no sería analizada ni evaluada por legisladores, sino por agentes de los partidos invariablemente preocupados por sus propios intereses. Por lo mismo discutieron para luego subastar asuntos que merecerían el mayor de los respetos, y como ni unos ni otros le llegaron al precio, congelaron el proyecto. Parecería que no estaban hablando en nombre de la ciudadanía, ni del Estado, sino a tenor de las líneas que reciben de aquellos a quienes deben el puesto.

Más que reformar, evolucionar la democracia, aplicarse diligentemente en la búsqueda de caminos que favorezcan la participación social en la función pública, estimular el escrutinio de la comunidad sobre sus representantes, sujetar al estado de derecho a quienes se mueven en los diversos órdenes de gobierno, profesionalizar el servicio burocrático, ubicarlo en el nivel más lógico de la relación entre costo-beneficio, es decir, que la comunidad pague a los funcionarios públicos de acuerdo a sus resultados y de acuerdo a éstos los conserve o no en su cargo; depurar los estilos y manejos de fondo entre los partidos, y tantos otros temas de urgente actualidad son para la clase política del presente sólo mercadotecnia de campaña, de ninguna manera un compromiso honesto y confiable.

A la luz de estos hechos el Congreso acaba siendo el corral trasero de los partidos, donde los que tienen mayoría traicionan todos los días la ilusión ciudadana del cambio y del contracambio; la bandera que se defendía en campaña será mañana pancarta de la oposición y viceversa, por lo mismo el discurso de muchos actores políticos hay que soportarlo si es en vivo, y cambiarle de canal apenas asoma en radio o televisión.

El regateo observado en la sala legislativa del Estado ha mostrado una vez más el rostro mercantilista de una política corrupta que a ellos ya no les avergüenza, pero que sigue ahondando el abismo entre partidos y ciudadanía, entre sociedad y gobernantes. ¿Llegaremos entonces al modelo de Cherán? En esa población no tan lejana de la sierra michoacana, la sociedad recuperó la soberanía para defenderse de los talamontes, que con permisos fraudulentos o sin ellos, depredaban sus bosques, están enfrentando como pueden a la delincuencia organizada que públicamente protege a los saqueadores; y han destituido a los gobernantes locales que estaban involucrados o se mostraron ineptos; Cherán ha invocado una y otra vez la presencia del poder federal, y es seguro que prescindirá también de él si no responde a sus justos reclamos. Es posible que a eso se deba llegar, los políticos lo saben, pero lejos de ofrecer respuestas oportunas y eficaces, aprovechan el tiempo que todavía tienen para asegurarse el futuro. Decadencia y corrupción van de la mano.

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