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¡Pobres Diputados!, nadie los quiere

julio 2, 2011

Sí, aunque usted no lo crea, estos personajes entregados a las actividades que les puedan redituar en efectivo o a todo aquello que les pueda producir poder, también son seres humanos, que luego de llenar de billetes los bolsillos a cambio de su deshumanización, sufren porque nadie los quiere.

Entre ellos mismos resulta célebre la frase de que “el poder, los grandes sueldos y los negocios lo disfrutan durante tres años, pero la vergüenza es para toda la vida”. Y créame, no son pocos a los que les he oído esa misma expresión, aunque en esas ocasiones ha ido acompañada de sonoras carcajadas. Y la verdad de las cosas es que no debe de ser nada fácil resistirse a tantas tentaciones, sobre todo porque una vez que prueban tan suculentas canonjías, ha de ser muy difícil apartarse de ellas, pero sobre todo porque aspiran a seguir en tan atractivos estadios, pues ya ve usted que con la famosa práctica “chapulinezca”, no son pocos los que logran pasar de “una representación popular a otra”, aunque luego afirmen que “no son voceros de la sociedad”. La verdad de las cosas es que quienes así se comportan —porque sabemos que no son todos, aunque sí una gran mayoría— son dignos de lástima. Sí, en serio, no estoy bromeando, me da lástima ver, saber y constatar que personas adultas pueden tener un comportamiento que va en contra de su propia naturaleza, pero que su ambición, miedos y soberbia les obligan a seguir en un juego en el cual creen que son los protagonistas de la historia.

En ese sentido, me agradó escuchar los argumentos de Jesús Casillas, el único diputado tricolor que tuvo las agallas y congruencia necesarias para renunciar a la Comisión de Vigilancia, con tal de no seguir siendo el hazmerreír de vaya usted a saber cuántos que han pasado por ahí y ahora, tras haber cosechado racimos de millones de pesos se encuentran en otra posición de privilegio.

Y sí, también lo pensé, es probable que este desplante se haya dado en torno a las cada vez más próximas contiendas electorales, en las cuales está interesado en participar, con lo cual se deslinda de las decisiones de sus compañeros y queda libre de tan profunda mancha —que ni con cloro se les va a quitar—, pero bueno, tampoco es conveniente pecar de “sospechosismo”, sobre todo porque los seres humanos necesitamos tener aunque sea una flamita encendida que nos permita pensar que en este mundo, todos podemos ser rescatables de la resaca y demás miserias humanas.

Así, “haiga sido, como haiga sido”, lo rescatable es que “al menos uno” se atrevió a ser congruente. ¡Nos vemos en 2012!

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