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El Teatro del Congreso…

septiembre 4, 2011

Domingo, 4 Septiembre 2011 por Armando González Escoto

No obstante estar apenas a una cuadra del Teatro Degollado, los diputados de Jalisco insisten en convertir su sede en un teatro más, y lo han logrado cada vez con mayor empeño, legislatura tras legislatura, con una capacidad de superar a la anterior verdaderamente envidiable.
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Ciertamente se trata sólo de un teatro de comedia, pero es demasiado costoso, particularmente por las tragedias que acarrea sobre el bienestar social de Jalisco, por el aplastamiento cotidiano que hace de las instituciones democráticas de la sociedad, y por su penoso envilecimiento.
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De acuerdo a nuestra Constitución, el Poder Legislativo tiene 37 facultades, todas orientadas a la búsqueda del bien individual y comunitario, de los estados y de la nación; facultades que la sociedad les otorga en tanto empleados suyos, encargo que sin embargo la sociedad no tiene facultades para hacer cumplir. Advertidos de esta circunstancia y del hecho básico de que el único acceso al Poder Legislativo es por medio de los partidos políticos, éstos acaban siendo los dueños de la nación, y sus habitantes simples contribuyentes. Sin embargo, dada la crónica inmadurez democrática del pueblo mexicano, podría admitirse de manera eventual esta circunstancia, lo cual exigiría a los partidos políticos un elevado perfil y una extraordinaria honestidad a la hora de elegir candidatos para la legislatura, sobre todo considerando que “sus” diputados son la enorme cara de los partidos y que, con o sin inmadurez, la sociedad mexicana está harta de su pésima gestión lo mismo a nivel local que nacional.
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Ante este escenario, los partidos tendrían que elegir personas comprometidas en cuidar y hacer evolucionar las instituciones democráticas y en promover la maduración social en este sistema político, aunque ellos mismos se vean afectados. Las cosas no ocurren así. Al parecer, a los partidos políticos les tienen perfectamente sin cuidado estas apremiantes necesidades del país, e igualmente les tiene sin cuidado la opinión pública, sea del nivel que sea. Por lo mismo, los perfiles de sus candidatos a los Congresos son totalmente ajenos a lo que requiere un legislador, un congresista.
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Consecuencia de esta claudicación de la responsabilidad política es el que las legislaturas se hayan convertido en pandillas juveniles, cuyos integrantes, por su edad, carecen de experiencia pero les sobra ambición, les preocupa vestir a la moda y ostentar los efectos del poder y del salario que demasiado pronto les llega sin tener méritos en campaña, ni interés en adquirirlos. Por otro lado, dirán con toda razón los amables lectores, los legisladores viejos tampoco son un modelo de virtudes democráticas, pero sí de experimentadas mañas, realidad que efectivamente enturbia aún más el futuro de nuestra democracia. Conclusión: la lista de torpezas de la actual Legislatura estatal rebasa con mucho la sombra de la anterior y, pese a las declaraciones, denuncias y críticas de tantos actores sociales, ellos siguen como si nada.

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