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Reparto del Poder en el Congreso… 2012

septiembre 8, 2012

Sábado, 8 Septiembre 2012 por Vicente Bello

La Cámara de Senadores tiene 60 comisiones ordinarias y la de Diputados 45; pero si a éstas se le suman las especiales o de investigación, entonces el número de comisiones en el Congreso de la Unión es común que sumen más de 125, entre las cuales hay que incluir también a las bicamerales, aquellas que integradas están por legisladores de las dos Cámaras, como sucede con la que da seguimiento al canal de televisión del Poder Legislativo Federal.

Las comisiones son el proceso más acabado de la división del trabajo en el Congreso. Y son, junto con el resto de las especiales, el instrumento legislativo y político para que diputados y senadores cumplan con aquellas dos funciones más importantes que tiene el Congreso mexicano: la de construir leyes y la de control político.

La construcción de las leyes, de acuerdo con el espíritu de justicia de la Constitución y al desarrollo democrático, tiene que responder a los intereses de la mayoría de la población y a las minorías sociales. Y el control político también. La realidad, sin embargo, ha sido a lo largo de la historia del parlamentarismo mexicano un poquito diferente.

Diferente, porque, en la práctica, las comisiones del Congreso –—o sea, el Congreso mismo— se convirtieron desde que se instauró el presidencialismo priista, después reciclado por el panismo y ahora en el umbral de su regreso absoluto, en instrumentos políticos y legislativos al servicio de los partidos políticos. O, más preciso todavía, para las dirigencias partidistas y, en su caso, para el presidente de la República, que no ha dejado de considerar a su partido como un mero apéndice legislativo. Sucedió así con el PRI, en todos los años aquellos, y sucedió con los dos presidentes que emanaron del PAN.

La disciplina a ultranza del partido en el gobierno al presidente en turno, por lo que se ve, volverá por sus fueros ahora que el PRI asuma otra vez la Presidencia de la República.

A las comisiones ordinarias las integran, evidentemente, los legisladores de todos los grupos parlamentarios. Y son, por definición, equipos interdisciplinarios que piden información al Ejecutivo, analizan, discuten y, mediante el voto, deciden. Y el número de miembros de cada grupo parlamentario es proporcional al tamaño de cada uno de ellos.

Verbigracia: el que tuviera 45% de las 500 curules (asiento en recinto de la Cámara de Diputados) o de los 128 escaños (en la de Senadores), tendrá 45% en las comisiones, cuyos Plenos suelen oscilar —no todas, por supuesto; las hay de mucho menos— en el número de 30 integrantes.

En el cascarón las especiales o de investigación son muy parecidas a las ordinarias;  pero tienen una diferencia sustancial. Las especiales no tienen el poder, la facultad, para tomar decisiones por sí mismas. Por ejemplo: su trabajo está limitado a que se los aborde la comisión ordinaria más afín al tema que trataron y a que éstas, finalmente, voten y decidan.

Son parte de las pequeñas grandes hijeces… o carcajadas que hicieron y se aventaron el PRI, PAN y PVEM el día en que legislaron para la creación de las comisiones especiales o de investigación: septiembre de 1999, cuando aprobaron la reforma aquella de la Ley Orgánica del Congreso General.

Entonces, priistas, panistas y pvemistas tuvieron especial cuidado de que las comisiones especiales nacieran bajo condición de simular que contribuían con el fortalecimiento de la función de control político del Congreso. Sólo eso, estrictamente. Nada que pusiera en riesgo a esos dos pilares que sostienen al sistema político mexicano: la corrupción y la impunidad.

Las especiales o de investigación han sido, desde su nacimiento, comisiones que aparentan ser tigres y leones.

Sí, tigres, pero de papel, inofensivas, o leones sin dientes y, las más de las veces, virtualmente amorcilladas desde el primer tercio —es decir, desde que comienzan se gestión— con dos actos de prestidigitación política: no tienen presupuesto propio nunca para la contratación de servicios de investigación o asesorías y suelen estar presididas por diputados y senadores interesados en que la investigación se pierda en el mar picado y nunca lleguen a buen puerto. Y a estas dos carcajadas del PRI, PAN y PVEM habría que agregarles el hecho de que no tienen facultad de tomar decisiones.

Pues ahora, septiembre de 2012, es precisamente el mes en que las dos Cámaras del Congreso abocadas están para integrar las comisiones ordinarias. Y, un paso fundamental para el control y subordinación de éstas, es la elección de los presidentes de comisiones, quienes a su vez subordinados y controlados están por los coordinadores de los grupos parlamentarios.

En esas están ahora. El PRI quiere las más influyentes e importantes y el mayor número de integrantes. El PAN y PRD también.

Es el jaloneo de estos días. Veremos cómo queda esto que es, sin duda, la repartición del poder en el Congreso de la Unión.

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